Quienes han escogido Jitsi para hacer videollamadas saben que se trata de una web muy sencilla tanto para crear las salas de reunión como para hacer uso de ellas: intercambiar datos (vídeo, audio y texto), personalizar la apariencia, gestionar la dinámica de la conferencia... Sin embargo, por si alguien no se atreviera a explorar sus herramientas de uso, se pueden recoger las explicaciones de todas o, al menos, de las más importantes, en apenas unas líneas. Una manera de clasificar la configuración es dividirla en tres secciones: izquierda, central y derecha.

Cada uno de los bloques está compuesto por tres botones:

  • El central permite encender y apagar el audio o la cámara del ordenador propio y, por otro lado, salir de la llamada aunque esto también puede hacerse cerrando el navegador.
  • Por su parte, el bloque izquierdo permite compartir la pantalla por si, por ejemplo, se quiere enseñar al resto cómo hacer algo; sirve para pedir el turno de palabra si lo que se pretende es una videollamada ordenada y, por último, da acceso al chat mediante el que se pueden intercambiar mensajes de texto y enlaces a, por ejemplo, vídeos de Youtube.
  • Finalmente, en el bloque derecho se puede modificar la apariencia de los cuadros de quienes participan en la reunión: Una opción es que se muestren todos de manera simultánea y la otra, que se agrande el de la persona que está hablando en cada momento. Además, el segundo botón de este tercer bloque recoge información referente a la sala y permite crear una contraseña para ella. Lo más relevante del último botón son los dos primeros subapartados: En el primero se cambia el idioma en el apartado “More” que pasará a ser “Más” cuando esté en español y, por otro lado, en “Perfil”, se establece el nombre a mostrar. Además, y para finalizar con estos tres bloques, el segundo apartado del último botón sirve para administrar la calidad del vídeo: cuando la conexión a internet es débil conviene establecerla como estándar o, incluso, baja.
      

Tanto desde la vista de mosaico permanente como desde la que alterna los cuadros según quién esté hablando, se pueden realizar acciones sobre una persona participante: El desplegable al que dan acceso los tres puntos verticales permite silenciar su micrófono o solo dejar activo el suyo (silenciando el del resto), expulsarle de la sala (sabrá quién ha sido), enviarle un mensaje privado que recibirá por el chat o regular el volumen de su audio. Esta última es la más útil porque hay quienes hacen uso de micrófonos muy sensibles, se encuentran en lugares ruidosos o elevan la voz más de lo que debieran.

La praticidad y sencillez de Jitsi es evidente pero no se debe dejar de señalar una gran carencia: la posibilidad de intercambiar archivos por su chat. Sin embargo, esto se solventaría abriendo WhatsApp Web en otra pestaña para poder compartir PDF, Word, fotografías… o, un elemento más cotizado en estos tiempos, como son los memes.